mIs CuEnToS y yO
Desde pequeña he sentido ganas de expresar de alguna manera la inspiración que me llega a cada momento, puede ser que vivo lejos de todo y por eso en cada viaje en micro tengo el tiempo para crear nuevos relatos, en cada rostro que observo imagino la vida por detrás que tiene esa persona, de mis sueños extraigo lo más significativo y les introduzco algo de realidad para que me lo crean, de lo que me toca de las historias que me cuentan mis amigas, ideo nuevos cuentos con algo de ficción para luego regalárselos. De mis experiencias amorosas rescato los sentimientos que alguna vez me unieron a alguien. Creo que la inspiración es algo tan intimo de cada uno, cada cual escoge si aceptarla o no, usarla y cuando.
Escribir para mi es una de las cosas maravillosas con las que soy feliz, manchar papeles con sentimientos, pensamientos, ideas, alegría y tristeza. Para regalar o para conservar, para comparar cuando no este de igual ánimo que al haber escrito, para sonreír en momentos de angustia, o para desdibujar la sonrisa por un segundo...
Angélica lo amaba desde hacía tanto tiempo que ya lo había olvidado, se contentaba con la amistad tan fuerte que había brotado entre Alfredo y ella, amistad que le permitía sentirse feliz al saber que él estaba con una niña nueva. En su interior Angélica guardaba como un precioso tesoro las dulces experiencias vividas junto a él. Muchas cosas y personas los separaban, ella había imaginado tantas veces como sería, que prefería no intentar nada, su unión era imposible, dadas las condiciones de vida que les tocó vivir a cada cual. Pero bueno, ser su amiga, saber todo de él y ayudarlo en lo que más se pudiera le permitían enfrentar la vida positivamente, esperando el regalo de Dios que sin dudas llegaría algún día. Una noche recibió una llamada de Alfredo, éste le pidió verla para conversar al día siguiente. Angélica estaba demasiado intrigada con lo que su amigo le diría, después de todo lo encontró extraño por el teléfono, y enterarse de que había terminado la relación con su actual novia, la llenaron de pensamientos.
A la tarde siguiente se juntaron fuera del trabajo de él, Angélica no entendía nada, Alfredo no sabía como empezar, dijo otras cosas, contó sus problemas familiares, las ganas de independizarse, y que estaba enamorado... Angélica comprendió, pero quiso saber de quién, quién era ahora la afortunada que cuidaría de su amigo. Alfredo hizo una pausa y dijo un nombre, Angélica no lo creyó, él lo repitió, a ella se le nubló la vista, se sintió mal, estaba mareada. Se abrazaron largo rato y lloraron mucho para alivianar el corazón de tantas mentiras, de tanto dolor soportado, ella no lo podía creer, era una confesión demasiado fuerte, ya no sabía que hacer, le preguntó, buscó razones en su mirada pero ya nada se podía hacer, Alfredo la abrazó fuerte y en un susurro le respondió: sí, soy gay...
Frida y él
De algo si estoy segura, fui Frida en esos momentos, y ya no pensaba como yo, no sentía como yo, estaba inserta en su mundo, lo comprendía todo, sin cuestionarme nada porque esa era mi verdad, mi vida...
Después de todo el despecho que sentía en mi corazón por él, no me quedaba más que olvidar, me moví en nuevos círculos sociales que me llevaron a cometer actos jamás imaginados, el sexo era la salida para el olvido, el estado de hipnosis que entrega el placer no me permitía pensar, solo sentir mi cuerpo, las caricias de ellas, de ellos, imágenes vuelven a mi cabeza, la desnudez absoluta...
Visitamos por unos días la casa de unos amigos, todo muy correcto y fino, solo me atrajo la mirada perdida del joven esposo de la hija menor, era triste, no quería estar allí, pertenecía a otro lugar, quizás por eso escuchaba con tanta atención mis anécdotas de viajes, quizás me admiraba, y eso me atrajo, por eso quise bailar con él esa tarde, mientras todos tomaban su bajativo y conversaban de nimiedades, lentamente nos movimos al compás de un tango, quizás demasiado juntos, pero nadie lo notó, por eso seguimos avanzando hasta ese cuarto donde nos encontramos solos, sin ganas de seguir fingiendo y acabar con la fiebre que nos estaba volviendo locos, yo solo quería sentirme poseída para no recordar a Diego, él decía que todo parecía un sueño, que por fin era feliz. En medio de esa lucha de sudores irrumpió la esposa, furiosa de celos comenzó a gritar, nadie la escuchaba, por todos lados había música de piano, yo me alejé, los dejé para que aclararan las cosas, para que él fuera valiente y ya no un sometido.
A la mañana siguiente nos encontrábamos en la agradable terraza disfrutando del desayuno, cuando tomé mi taza de té, miré hacia el cielo y no sentí nada al observar como él se aventaba desde el balcón de la habitación en la que estuvimos durante la tarde de ayer, no sentí nada, todos gritaban, lloraban y se movían de un lado a otro, era un cobarde, pero ahora se liberaba, como yo quería liberarme de Diego, pero no podía...no puedo.


